1 de septiembre, 2026 | 10 min de lectura
Autor: Stheffany Ocaña Huamani
Niños

¿Por qué a tu hijo le cuesta esperar, seguir instrucciones o terminar lo que empieza?

Si esto pasa seguido en casa, es normal preguntarse si tu hijo es distraído, impulsivo o simplemente "no hace caso". Pero detrás de estas conductas suele haber algo más: las funciones ejecutivas, unas habilidades que todavía están en pleno desarrollo durante la etapa preescolar.

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Son las habilidades que nos permiten organizar nuestra conducta, controlar impulsos, mantener la atención, recordar información y adaptarnos a los cambios. En otras palabras: nos ayudan a pensar antes de actuar, seguir una secuencia y llegar a una meta.

Durante la etapa preescolar, estas habilidades recién se están formando, así que es normal que los niños necesiten el apoyo de un adulto para ponerlas en práctica. Las principales son:

  • Control inhibitorio: esperar, frenar una acción, controlar impulsos.

  • Memoria de trabajo: recordar y seguir instrucciones.

  • Flexibilidad cognitiva: adaptarse a cambios y a nuevas formas de hacer algo.

  • Planificación: organizar pasos para lograr un objetivo.

  • Atención: mantenerse en una actividad y enfocarse en lo importante.

¿Cómo se ven en el día a día?

Las funciones ejecutivas aparecen todo el tiempo, por ejemplo cuando tu hijo:

  • Espera su turno en un juego

  • Sigue las reglas de una actividad

  • Cambia de una actividad a otra

  • Recuerda dónde dejó sus cosas

  • Termina una tarea antes de empezar otra

  • Se detiene cuando le dices "alto"

Si le cuesta en alguna de estas situaciones, no siempre es falta de voluntad. Puede que simplemente necesite más oportunidades para practicar.

¿Cómo estimularlas en casa?

No hace falta nada complicado. El juego y la rutina diaria son suficientes:

  • Juegos de reglas: "Simón dice", estatuas o juegos de mesa sencillos, ideales para practicar el control de impulsos y la espera.

  • Instrucciones progresivas: empieza con una indicación y ve aumentando poco a poco la cantidad de pasos.

  • Jugar con los cambios: modificar reglas conocidas o buscar formas distintas de resolver una actividad ayuda a entrenar la flexibilidad.

  • Rutinas simples: secuencias claras para que tu hijo sepa qué sigue.

Lo importante es ajustar la dificultad a su edad y reconocer su esfuerzo, subiendo el nivel poco a poco.

¿Cuándo consultar con un profesional?

Cada niño avanza a su propio ritmo. Pero si las dificultades son frecuentes, intensas y afectan su día a día en casa, el colegio o con otros niños, vale la pena buscar orientación profesional.

Una evaluación psicológica permite conocer cómo están la atención, la memoria de trabajo, el control de impulsos y la flexibilidad cognitiva de tu hijo, siempre considerando su edad y sus características particulares.

Las funciones ejecutivas también se aprenden. Durante la etapa preescolar, tu hijo necesita oportunidades para practicarlas y un adulto que lo acompañe en el proceso. Cada juego, cada rutina, cada momento cotidiano puede ser una oportunidad para fortalecer estas habilidades y ganar más autonomía.

¿Te gustaría una evaluación para saber en qué etapa está tu hijo? Escríbenos. En Vocálida te recibimos con los brazos abiertos.

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